jueves, diciembre 24, 2009


Salto con los pies desnudos al piso frio debajo de mi cama.
Me encuentro con un perro viejo dormido pendiente de mi pies bastantes sucios.
Camino sin querer mirarme, pero un espejo se tropieza con mi mirada.
Bajo desesperadamente escaleras que me llevan al parecer a un suicidio.
Con un vestido amarillo casi corto de piernas.
Desnudos mis brazos, mis hombros, mis piernas, mis manos, mi ojos.
Mi pelo recogido haciendo una gran montaña, dándole más peso a mi cabeza de la que ya tiene.
Solo miro a todos lados y el reloj me dicen que a las cuatro y media nadie está pendiente de mi, todos duermen como es normal, y me repite lo anormal que sigo siendo mientras ensucio aún más mis pies fríos.
Desesperada, camino, tomo agua, leche, quiero fumar, no tengo cigarrillos, encuentro un habano, pero en esta madrugada su olor no me enamora, sigo caminando, no quiero seguir así.
Callada todo el día, con palabras asesinas entrando por mis oídos lastimados, mi corazón ya no sabe distinguir entre algunos sentimientos, apagado el celular todo el día, huyendo de la gente, de las voces, de las miradas, queriendo huir, correr para entender lo “bien” que me hago sentir cuando me caigo en ese fango de lágrimas que me ahogan.
Me callo, vuelvo a caminar, subo las escaleras a mi cuarto, encuentro al perro, viejo, con quince años encima, viéndome con sus ojos gastados, se levanta mientras lo miro con la luz apagada, y solo acerca su cabeza a mis piernas, y con un sueño entre los ojos, no deja de mirarme, como si lo escuchara, sentía que me hablaba.
Vuelve a su nido, tratando de dormir aún sin perder su mirada en mí, la luz ya no me molesta, y veo a mí alrededor un desorden, muy parecido a mis ganas, tengo cinco libros en mi cama, dos de Frida, diario en motocicleta, 365 formas de liderar (no sé cómo llegó a mi cuarto) historia del arte. La verdad, no sé que hacen ahí, el del che si sé, al parecer leí la mitad de ese libro hoy, ayudó un poco, me sumergía en esos viajes que a veces quisiera hacer, sin pensar en las responsabilidades que normalmente una mujer u hombre “con los pies en la tierra” debería hacer, pero como yo soy, especialmente hoy, que muchas palabras al respecto llenaron de resentimiento y palabras sucias mis pensamientos, los veo algo posibles en mis rutas imaginarias, casi realistas, o surrealistas.. . . .
Realista, que palabra,
Me recordó un a compromiso al que ha fallado, del cual no he tenido cabeza para nada, y es muy probable que el que sabe de esto este leyendo y acentuando con la cabeza mi narración, lo siento, no he querido hablar con nadie, no he querido escuchar a nadie!, no saber de nada y ser algo egocéntrica (me hace falta). Si no quiero saber nada de nadie, peor aún, a pensar en vestidos vampíricos.
En fin, ya ni recuerdo el objetico, conclusión, o desenlace del por qué empecé a ver los libros en mi cama, de por qué eso, me hizo recoger los dibujos del piso, las letras no terminadas, el celular perdido entre las sábanas.
El perro anciano, acompañante de mis desvelos, no cesa en verme, solo sigo caminando, apago la luz, respiro aire, respiro tranquilidad, respiro paciencia, no, no la respiro, la ansió!
Vuelvo a bajar, casi con un paso desesperado las escaleras, y aquí estoy, escribiendo la letras que no se han manifestado en voces, las letras que van muriendo de impotencias, las letras que solo se quedan entren mis orejas, o en las de las orejas de mi otra mitad.
No titulo, no tiempo, no caída, es solo un día, no van a ser iguales los siguientes, no lo van a ser.
Aún así, por más sola que haya querido estar, aunque haya escapado de manos, de miradas, de caras, de almas, aunque me haya refugiado en historias de libros, aunque haya caminado todo el día, sola, cansada, sin ganas de comer, queriendo insistentemente sentirme y estar sola.
No lo estoy, y mi corazón recobra fuerzas al no sentirme así, y reviven las ganas de querer luchar por mis decisiones, por las locuras de no querer trabajar para simplemente fabricar papel verde, como los últimos 4 años, por esas locuras de seguir creciendo, seguir aprendiendo, seguir sintiendo. Seguir tomando decisiones y hacer que el respeto hacía ellas llegue por consecuencia.


Parece que a las cinco y media de la madrugada mis manos se van tranquilas, mi cabeza ha bajado de peso, mi sonrisa recuerda unos cuerpos enjabonados, sumergidos en vergüenzas propias del tiempo, el sonrojo que no veo , me dice que me callé, y no diga más al respecto.
Ha venido a mí, nuevamente, si, nuevamente, el perro viejo y blanco, al parecer me vino a ver para descansar los ojos que en estos últimos días han superado la prueba bajo el mar.
Me voy, ahora sí.
Sin ningún título para estas letras algo locas pero auto medicadas.
Más tranquila, y menos peso.
Pocahontas.
(Nombre dado, que cada vez lo siento más mío)

1 comentario:

Pana PeTer dijo...

Acabo de revivir en tus historias de auto-medicación y cuando abro los ojos veo tu cama, tu ropa y tu pelo, trato de verte a ti, pero te escapas y te persigo por todo tu mundo que se siente desconocido y desconcertado, aún así continúo la búsqueda de tus labios, pero no me queda mucho tiempo y tengo que volver. Tal vez cuando dibujes otra vez con las palabras vuelva a tu mundo a seguir explorando tus tiempos sin memoria y otra vez trate de encontrar con mi mirada tus ojos grandes que miran siempre hacia delante, hacia el crepúsculo interminable de tus sueños, justo donde me encantaría navegar.